En una industria obsesionada con el “alma” y lo orgánico, hay algo refrescantemente cínico —o quizás brillante— en tratar a la música como una ecuación matemática que se puede resolver.
Desde Tokio, Akihisa Yorozu opera menos como un músico tradicional y más como un arquitecto de la psique. Su perfil no es el del DJ de fiesta promedio: es un estratega de TI, científico de datos y miembro de la Audio Engineering Society. Su propuesta, TRANSPLEX, no es solo un género, es un experimento de neurociencia auditiva aplicado a la pista de baile.
El Dios del Algoritmo
Si en octubre sorprendió con el lanzamiento simultáneo de cuatro álbumes, en noviembre sube la apuesta con “The Transplex AG – Algorithm God”. La premisa sigue siendo la misma, pero con mayor intensidad: fusionar la complejidad rítmica del Complextro con la claridad edificante del Trance.
No es música hecha por instinto; está diseñada bajo principios de la teoría de la información para optimizar la atención, la emoción y la memoria. Suena clínico, sí, pero los números respaldan la teoría: su música ya se escucha en 113 países y ha entrado en rotación en estaciones de radio desde Francia hasta Brasil.
¿Por qué darle play?
Porque TRANSPLEX ofrece una experiencia auditiva distinta. No busca solo entretenerte, busca estimular zonas específicas de tu cerebro. Es electrónica de alta definición para una generación con déficit de atención. Ya sea en The Transplex EVO (enfocado en el cambio cognitivo) o en el nuevo Algorithm God, la producción es impecable y extrañamente adictiva.
Esta es la música de fondo definitiva para sesiones de coding, gaming competitivo o cualquier tarea que requiera un estado de flujo (“flow state”) ininterrumpido. Si quieres ver si tu cerebro reacciona a la ingeniería de audio japonesa, dale una oportunidad.
